Las lámparas en los países de Oriente
La luz ha desempeñado un papel fundamental en numerosas tradiciones religiosas,
arquitectónicas y artesanales de Asia, el Mediterráneo oriental y el mundo islámico.
Menorás, lámparas de Janucá, candiles de mezquita, faroles japoneses y portacandiles
andalusíes responden a funciones y contextos históricos muy diferentes.
No existe una única «lámpara oriental». Cada territorio desarrolló sus propios
materiales, técnicas, símbolos y formas de iluminación. Para comprender estas
piezas es necesario estudiar por separado su procedencia, su función y su
construcción.
La luz en la tradición judía
La luz ocupa un lugar destacado en la tradición religiosa judía. La Biblia
hebrea describe lámparas, recipientes de aceite y candelabros utilizados en
el Tabernáculo y, posteriormente, en el Templo de Jerusalén.
Entre estos objetos destaca la menorá, el candelabro de siete
brazos descrito en el libro del Éxodo. Su forma y simbolismo han tenido una
larga continuidad en el arte y en la cultura judía.
Conviene diferenciar la menorá de siete brazos, relacionada con el antiguo
templo, de la lámpara de Janucá, que dispone de ocho luces conmemorativas y
una luz auxiliar.
La menorá y el Arco de Tito

de la menorá entre los objetos tomados del Templo de Jerusalén.
Una de las representaciones antiguas más conocidas de la menorá se
encuentra en el relieve interior del Arco de Tito, en Roma.
La escena representa la procesión triunfal romana tras la conquista
de Jerusalén y la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d. C.
Los soldados transportan distintos objetos, entre ellos un gran
candelabro de siete brazos.
El relieve no debe interpretarse como una reproducción técnica exacta
del objeto, pero constituye una fuente histórica fundamental para conocer
cómo fue representada la menorá en el contexto del triunfo romano.
La menorá se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más reconocibles
del judaísmo. Su imagen aparece en mosaicos, relieves, manuscritos, objetos
ceremoniales y obras realizadas en diferentes periodos.
Lámparas de Janucá y del sábado
La lámpara de Janucá
Janucá conmemora la rededicación del Segundo Templo de Jerusalén tras
la revuelta de los macabeos durante el siglo II a. C. La celebración
dura ocho días y se caracteriza por el encendido progresivo de las luces.
La lámpara utilizada recibe distintas denominaciones, entre ellas
hanukkiá o lámpara de Janucá. Dispone de ocho luces
correspondientes a los ocho días de la celebración y de una novena,
llamada shamash, utilizada para encender las demás.
Estas lámparas pueden adoptar formas muy diferentes. Existen modelos
con respaldo para colocar junto a una pared, ejemplares de sobremesa
y candelabros con brazos.

Lámparas y luces del sábado

Finales del siglo XVIII.
El encendido de luces al comienzo del sábado forma parte de la tradición
doméstica judía. Se realiza antes de la puesta del sol del viernes y
marca el inicio del periodo de descanso.
A lo largo de la historia se utilizaron velas, candeleros y lámparas
de aceite. Algunos ejemplares suspendidos disponían de varios recipientes
o mechas, mientras que otros se apoyaban sobre mesas o soportes.
La forma concreta dependía del lugar, la época, los materiales disponibles
y las tradiciones de cada comunidad.
Los objetos ceremoniales judíos presentan una gran diversidad técnica y
ornamental. Se realizaron en plata, latón, bronce, cobre, hierro, cerámica
y otros materiales, y no pueden reducirse a una única tipología o tradición
artesanal.
Lámparas de vidrio y cerámica
La iluminación en las mezquitas y edificios islámicos no dependió únicamente
de los metales. También se utilizaron recipientes de vidrio, cerámica y otros
materiales destinados a contener aceite y mechas.
Vidrio esmaltado
Las lámparas de mezquita de vidrio esmaltado alcanzaron un importante
desarrollo, especialmente en Egipto y Siria durante la Edad Media.
Su forma suele presentar un cuerpo ensanchado, un cuello abierto y pequeñas
asas destinadas a las cadenas de suspensión. La decoración combina esmaltes,
dorados, inscripciones y motivos vegetales.
Aunque hoy se contemplen como objetos artísticos, fueron concebidas para
funcionar con aceite. La luz atravesaba el vidrio y realzaba los colores
de los esmaltes.
Cerámica otomana
Durante el periodo otomano se fabricaron también objetos cerámicos con forma
de lámpara de mezquita. Algunos ejemplares tenían una función principalmente
decorativa o simbólica, mientras que otros podían relacionarse con sistemas
de iluminación.
La semejanza formal entre lámparas de metal, vidrio y cerámica no implica
que todas funcionaran del mismo modo. Cada pieza debe estudiarse de acuerdo
con su material, su construcción y sus huellas de uso.
Japón y los faroles colgantes
En Japón se utilizaron faroles de piedra, madera y metal en templos, santuarios,
jardines, palacios y espacios domésticos. Los faroles colgantes se conocen
habitualmente como tsuridōrō.
Los ejemplares metálicos podían fundirse en bronce y presentar cuerpos
geométricos, paneles calados, cubiertas protectoras y pequeñas puertas para
acceder a la fuente de luz.
La figura 7 muestra un farol colgante atribuido al periodo Muromachi.
Su decoración incorpora motivos vegetales y una ornamentación de relieve
contenido.
En estas piezas, la calidad técnica no depende únicamente de la
ornamentación. También son importantes el reparto del peso, la fundición,
el ajuste de las distintas partes, la puerta de acceso y las cadenas de
suspensión.
Durante los periodos posteriores continuaron fabricándose faroles
colgantes para templos y otros edificios. Los modelos variaron según
su función, ubicación y taller de procedencia.

Museo Nacional de Tokio.
Lámparas y portacandiles de al-Ándalus
La iluminación en al-Ándalus utilizó candiles de aceite, recipientes de
cerámica, lámparas suspendidas y estructuras metálicas destinadas a sostener
varios puntos de luz.
Las piezas conservadas son escasas en relación con el largo periodo histórico
y con la cantidad de edificios religiosos, palaciegos y domésticos que
existieron. Los metales fueron reutilizados y muchos objetos se perdieron,
transformaron o dispersaron.
El portacandiles de la mezquita de la Alhambra
Uno de los ejemplos más importantes es el portacandiles de bronce
procedente de la mezquita real de la Alhambra, conservado en el Museo
Arqueológico Nacional.
La pieza se vincula al reinado de Muhammad III y está fechada en
705 de la Hégira, correspondiente a 1305. Su estructura estaba destinada
a sostener recipientes de aceite.
Está construida mediante varios cuerpos de metal calado y cincelado,
unidos entre sí. La decoración incorpora inscripciones y atauriques
característicos del arte nazarí.
No se trata únicamente de una lámpara cerrada, sino de un soporte
arquitectónico para varios candiles. Esta distinción es importante
para comprender su funcionamiento original.

vinculado a Muhammad III y fechado en 1305.
Museo Arqueológico Nacional, Madrid.
Los hallazgos de Madinat Ilbira

Elvira. Museo de Granada.
En el entorno arqueológico de Madinat Ilbira se localizaron también
estructuras destinadas a sostener varios recipientes de aceite.
Estas piezas podían disponer de una bandeja o disco metálico con
aberturas en las que se colocaban los pequeños candiles.
El sistema permitía reunir varias llamas en una misma estructura
suspendida y facilitaba la iluminación de espacios de mayor tamaño.
La identificación y reconstrucción de estos objetos requiere analizar
los fragmentos conservados, las uniones, las huellas de suspensión y
la relación con otros ejemplares arqueológicos.
Vidrio, cerámica y producción andalusí
Al-Ándalus contó con importantes talleres de vidrio, cerámica y metal.
Sin embargo, la existencia de estos centros no permite atribuir
automáticamente una lámpara concreta a una ciudad o taller.
Para establecer una procedencia deben estudiarse la composición, la técnica,
las inscripciones, el contexto arqueológico y la documentación disponible.
Para continuar este recorrido histórico puede consultar la entrada dedicada a
las lámparas en la Edad Media
.
Restauración de lámparas antiguas de tradición oriental o islámica
La intervención sobre una lámpara histórica debe comenzar con el estudio
de su estructura, sus metales, su vidrio o cerámica, sus inscripciones,
sus uniones y las transformaciones incorporadas a lo largo del tiempo.
Puede enviarnos fotografías generales y de detalle para realizar una primera
valoración. El alcance definitivo dependerá del estado real de la pieza,
sus materiales y la viabilidad de conservar, reparar o restituir sus elementos.



