Las lámparas en el Barroco: opulencia y dramatismo
El Barroco transformó las artes europeas desde finales del siglo XVI y durante
buena parte de los siglos XVII y XVIII. La arquitectura, la escultura, el mobiliario
y los aparatos de iluminación incorporaron composiciones monumentales, contrastes,
movimiento y una ornamentación destinada a reforzar la representación del poder.
En las lámparas, este lenguaje se manifestó mediante estructuras de bronce y otras
aleaciones de cobre, brazos de perfiles dinámicos, figuras ornamentales, cristal
tallado, dorados, grandes candeleros y aparatos concebidos para iluminar salones,
palacios, templos y espacios ceremoniales.
El Barroco francés y el estilo Luis XIV
Las primeras formas barrocas se desarrollaron en Italia entre finales del siglo XVI
y comienzos del XVII. El nuevo lenguaje se extendió posteriormente por Europa y adoptó
características diferentes según cada territorio, corte y tradición artesanal.
En Francia, el Barroco adquirió una expresión especialmente vinculada al reinado de
Luis XIV, entre 1643 y 1715. La arquitectura y las artes decorativas se utilizaron
para construir una imagen de orden, autoridad y magnificencia alrededor de la
monarquía.
El denominado estilo Luis XIV combinó monumentalidad, simetría y
referencias a la Antigüedad clásica. En su ornamentación aparecen coronas de laurel,
mascarones, soles, trofeos militares, cascos, corazas, garras de león, figuras
femeninas y otros símbolos relacionados con el poder.
Las lámparas debían integrarse en interiores de gran escala y convivir con espejos,
tapices, mobiliario dorado, mármoles y pinturas. Por esta razón, además de proporcionar
luz, adquirieron una importante función arquitectónica y representativa.
Los Gobelinos y la iluminación de la corte
En 1662, Colbert y Luis XIV adquirieron los talleres de los Gobelinos en París.
El conjunto se convirtió en un importante centro de producción de mobiliario,
tapices y objetos destinados a las residencias de la Corona.
En sus talleres colaboraron pintores, escultores, ebanistas, broncistas,
tapiceros, grabadores y artesanos de distintas procedencias. Entre los nombres
relacionados con esta producción figuran Domenico Cucci y miembros de la familia
Caffieri.
La coordinación de diferentes oficios permitió concebir los interiores como
conjuntos unitarios. Las lámparas, los apliques, los candeleros y los soportes
de iluminación compartían motivos y proporciones con el resto de la decoración.
La luz en las ceremonias de Versalles
La iluminación mediante velas tuvo una importancia esencial en el ceremonial
de la corte. Los espejos, los metales pulidos y los colgantes de cristal
multiplicaban visualmente los puntos de luz y reforzaban el efecto de amplitud
y magnificencia.
En diciembre de 1697 se celebró en Versalles el matrimonio del duque de Borgoña
con María Adelaida de Saboya. Las celebraciones utilizaron la Galería de los
Espejos y otros espacios del palacio como escenarios de representación dinástica.
En estos montajes se empleaban lámparas, candelabros, girandoles y grandes
torchères. El reflejo de las llamas sobre los espejos y los elementos dorados
formaba parte del efecto escenográfico.
Girandoles, guéridons y torchères
La terminología histórica distingue varios tipos de soportes. Una
girandole es un candelabro de varios brazos, en ocasiones
asociado también a espejos decorativos. El guéridon es un
soporte o mesa de pequeño formato sobre el que podían disponerse candeleros
u otros objetos.
La torchère es un soporte alto destinado a elevar uno o varios
puntos de luz. Su escala permitía utilizarla en salones, galerías, escaleras
y espacios ceremoniales.
Bronce, latón y otras aleaciones de cobre
En la documentación histórica, muchas lámparas aparecen descritas genéricamente
como piezas de bronce. Sin embargo, bajo esta denominación pueden encontrarse
aleaciones de cobre con composiciones diferentes.
El bronce se asocia principalmente a una aleación de cobre y
estaño, mientras que el latón se compone fundamentalmente de
cobre y zinc. Ambos materiales pueden contener además plomo y otros elementos
en proporciones variables.
El latón presenta habitualmente una tonalidad amarilla y puede trabajarse
mediante fundición, torneado, laminado, repujado o mecanizado. El bronce,
según su composición, resulta especialmente adecuado para la fundición de
formas ornamentales complejas.
No es correcto identificar el material de una lámpara únicamente por su color.
Los dorados, barnices, oxidaciones, limpiezas anteriores y productos de corrosión
pueden alterar completamente su apariencia.
En restauración patrimonial, cuando no existe un análisis de composición,
resulta más preciso hablar de aleación de cobre y estudiar
por separado las piezas fundidas, torneadas, estampadas, cinceladas o soldadas.
Lámparas, apliques y candeleros Luis XIV
Lámparas colgantes
Muchas lámparas colgantes relacionadas con el estilo Luis XIV se organizan
alrededor de una caña central. En la parte inferior puede aparecer un cuerpo
en forma de cestillo o una estructura poligonal de la que parten los brazos.
Los brazos presentan perfiles curvos, a veces en forma de ese, y terminan
en platillos y virolas destinados a sostener las velas. El cuerpo central
puede incorporar cartelas, figuras femeninas, mascarones, hojas y otros
elementos ornamentales.
Algunas piezas se construyeron mediante varios componentes fundidos y
ensamblados. Otras combinan piezas torneadas, brazos conformados, elementos
cincelados y uniones soldadas o roscadas.
Daniel Marot y André-Charles Boulle
Daniel Marot difundió numerosos diseños de arquitectura, mobiliario y
ornamentación mediante publicaciones realizadas en La Haya a comienzos
del siglo XVIII. Sus lámparas muestran estructuras geométricas, cuerpos
centrales sólidos y una ornamentación coordinada con el interior.
André-Charles Boulle es conocido principalmente por su mobiliario y por
la combinación de marquetería y monturas de bronce dorado. También se
relacionan con su producción o con su entorno distintos diseños de
lámparas y objetos de iluminación.
Las atribuciones a estos diseñadores deben tratarse con prudencia, ya que
muchos modelos fueron copiados, adaptados o reproducidos por otros talleres
durante periodos posteriores.
Candeleros, candelabros y apliques
Los candeleros y candelabros de mesa se realizaron en plata, bronce, latón
y otras aleaciones de cobre. La plata continuó utilizándose especialmente
en encargos cortesanos, litúrgicos y de representación.
Los apliques aumentaron su presencia en salones y galerías. Su colocación
junto a espejos o superficies pulidas permitía multiplicar visualmente la
luz de las velas.
Los faroles protegían las llamas mediante vidrios montados en estructuras
metálicas. Los ejemplares más elaborados podían incorporar coronas,
mascarones, cabezas de león, figuras mitológicas y cristales biselados.
Cristal, metal y transición hacia la Regencia
Durante las últimas décadas del reinado de Luis XIV adquirieron especial
importancia las lámparas que combinaban estructuras metálicas con elementos
de cristal. Esta tipología continuó desarrollándose durante la Regencia y
los primeros años del reinado de Luis XV.
Las armaduras podían formarse mediante varillas relativamente ligeras unidas
a una caña central. Sobre esa estructura se disponían brazos para las velas,
cadenas y numerosos colgantes de cristal.
Entre estos elementos aparecen las pendeloques, lágrimas,
prismas, rosetas, placas y piezas de distintas formas. El tallado y la
disposición de la cristalería permitían reflejar y descomponer la luz.
En algunas lámparas, la abundancia de cristales ocultaba parcialmente la
estructura metálica. En otras, el metal mantenía un protagonismo visible y
la cristalería se utilizaba para destacar determinados perfiles.
Estas piezas constituyen un antecedente directo de muchas arañas desarrolladas
durante la Regencia y el Rococó. Puede continuar el recorrido en la entrada
dedicada a las
lámparas en el Rococó
.
Países Bajos, Flandes y lámparas holandesas
En Flandes, las Provincias Unidas y distintos centros germánicos se desarrolló
una tipología de lámpara diferente de los grandes modelos cortesanos franceses.
Sus formas derivan de tradiciones anteriores y se caracterizan por una estructura
metálica clara y fácilmente legible.
La denominada lámpara holandesa suele organizarse alrededor
de una caña central torneada o abalaustrada. En su parte inferior aparece con
frecuencia una esfera de gran tamaño que actúa como remate visual.
Los brazos, normalmente curvos y dispuestos en uno o varios niveles, parten
del cuerpo central y terminan en platillos y virolas. Las superficies pulidas
del latón o de otras aleaciones amarillas contribuían a reflejar la luz.
La sobriedad estructural y la facilidad para adaptar el número de brazos
hicieron que esta tipología se mantuviera durante varios siglos. Continúa
reproduciéndose en la actualidad, por lo que su apariencia general no basta
para determinar la antigüedad de una pieza.
Candeleros y candelabros flamencos
Los candeleros flamencos conservaron los fustes torneados, aunque durante
el Barroco incorporaron perfiles más dinámicos y bases de mayor complejidad.
Algunos modelos presentan bases triangulares, patas ornamentales o columnas
salomónicas.
Las piezas destinadas al culto podían alcanzar grandes dimensiones. Su
construcción debía garantizar la estabilidad del conjunto y soportar el
peso de las velas, los platillos y los brazos superiores.
La influencia de estas tipologías se extendió por Inglaterra, los territorios
nórdicos y la península ibérica. La identificación de su procedencia exige
estudiar las técnicas de fundición, torneado y ensamblaje, además de las
reparaciones y transformaciones posteriores.
Galería de imágenes: lámparas en el Barroco
Las imágenes se mantienen en el orden numérico de la documentación original.
La figura 8 no se incluye porque repite el archivo de la figura 12 y no
corresponde con el contexto en el que estaba situada.


Piezas relacionadas con los guéridons, pero destinadas a una función diferente.












Museo de Santa Ana, Lübeck.


Restauración de lámparas antiguas de estilo Barroco
La restauración de una lámpara barroca, Luis XIV, flamenca u holandesa debe
comenzar con el estudio de su estructura, sus aleaciones metálicas, su pátina,
su cristalería y las posibles transformaciones realizadas a lo largo del tiempo.
Puede enviarnos fotografías generales y de detalle para realizar una primera
valoración. El alcance definitivo dependerá del estado real de la pieza, de sus
materiales y de la viabilidad de conservar, reparar o restituir sus elementos.
