Historia de la iluminación · Capítulo II

Las lámparas en los países de Oriente

De la menorá al arte de las mezquitas: una historia de luz, metal y oficio entre Oriente, Japón y al-Ándalus.

La historia de las lámparas no se cuenta solo a través de sus materiales. También está en los lugares donde iluminaron, en las manos que las fabricaron y en el significado que cada comunidad dio a la luz. Una pieza modesta de aceite podía acompañar la vida cotidiana; otra, suspendida de un templo, podía convertirse en un objeto de especial valor simbólico.

Tras nuestro recorrido inicial por Etruria, Grecia y Roma, avanzamos hacia diferentes tradiciones de Oriente. Nos detendremos en las lámparas rituales judías, la metalistería del mundo islámico, los faroles japoneses y una obra extraordinaria de la Granada nazarí. No son expresiones de una misma cultura ni pertenecen todas a la misma época, pero nos permiten descubrir cómo cada taller resolvió, a su manera, el encuentro entre la luz, la estructura y el ornamento.

En Lámparas Escala nos interesan especialmente esos detalles: un brazo fundido, una inscripción cincelada, el calado que deja pasar la luz o el modo en que se sostiene una pieza. Son decisiones artesanales que hoy ayudan a entender su historia y a respetar su conservación.

La menorá: siete brazos y una historia que atraviesa siglos

Entre los símbolos de iluminación más reconocibles de la tradición judía se encuentra la menorá de siete brazos. Los textos bíblicos la vinculan al culto del antiguo Israel y al santuario de Jerusalén. Más allá del relato religioso, su presencia en objetos, relieves y monumentos permite seguir la importancia que adquirió como signo de identidad.

Uno de los testimonios más conocidos aparece en el Arco de Tito, en Roma. Las tropas romanas conquistaron Jerusalén y destruyeron el Segundo Templo en el año 70 d. C. Al año siguiente, en 71 d. C., Vespasiano y Tito celebraron en Roma un triunfo en el que se exhibieron objetos procedentes del santuario, entre ellos la menorá de siete brazos. Aquella procesión quedó representada en un relieve del arco, levantado más tarde, hacia 81–82 d. C., en memoria de Tito. [1]

La menorá no fue únicamente un mueble litúrgico. Con el paso del tiempo, su silueta se convirtió en un motivo presente en lámparas, vidrios, decoración funeraria y otras manifestaciones de las comunidades judías. Su forma reconocible hizo posible mantener un vínculo visual con una tradición que sobrevivió a grandes transformaciones históricas. [1]

Las fuentes antiguas también asocian el trabajo del metal a los espacios de culto. En torno al Templo de Salomón aparecen relatos de artesanos y fundidores procedentes de Tiro, entre ellos Hiram. Es un testimonio del valor concedido al oficio metalúrgico en la memoria religiosa; no conviene convertir esos relatos en un inventario de piezas que podamos identificar hoy con certeza.

Janucá y Shabat: la luz en el calendario y en el hogar

La lámpara de Janucá, también llamada janukiá, está relacionada con la conmemoración de la nueva dedicación del Templo tras la revuelta de los Macabeos, en el siglo II a. C. Durante la celebración se enciende una luz adicional cada noche a lo largo de ocho días, en recuerdo de una tradición sobre el aceite destinado al alumbrado del santuario.

Conviene distinguir dos objetos que a menudo se confunden: la menorá del Templo tiene siete brazos, mientras que la lámpara de Janucá dispone de ocho luces principales y una auxiliar, el shamash, empleada para encender las demás. Su disposición puede adoptar formas muy distintas: bancos de pequeños recipientes para aceite, placas metálicas destinadas a apoyarse o colgarse, y candeleros ornamentados. [2]

Una pieza de plata realizada en Roma entre 1773 y 1775, conservada en The Metropolitan Museum of Art, permite apreciar cómo la orfebrería incorporó emblemas familiares y motivos decorativos al diseño de una lámpara festiva. Es un ejemplo tardío respecto a los orígenes de Janucá, pero muy útil para comprender la continuidad de la tradición y su diversidad formal. [3]

El Shabat, por su parte, se inicia tradicionalmente al atardecer del viernes y está asociado, entre otros gestos, al encendido de luces en el hogar. En diferentes épocas se utilizaron lámparas de aceite y, más adelante, candeleros de diversas formas. La necesidad práctica de una iluminación estable convivió con la dimensión ritual del acto de encenderla.

Desde el punto de vista del oficio, estos objetos recuerdan que el valor de una lámpara no depende solo de su tamaño o riqueza ornamental. Una pequeña pieza doméstica puede conservar una historia familiar o cultural tan significativa como la de un gran candelabro ceremonial.

El trabajo del metal en Oriente Próximo: bronce, latón e incrustaciones

En distintas regiones de Oriente Próximo, desde Irán hasta Siria y el norte de Mesopotamia, se desarrollaron talleres especializados en la fundición, el cincelado y la decoración de objetos metálicos. Las lámparas y candeleros son una parte de esa producción, en la que también encontramos recipientes y otros utensilios de uso cotidiano o ceremonial.

Una lucerna de bronce del siglo IX, excavada en Nishapur (Irán) y conservada en The Met, conserva de forma muy clara los elementos esenciales del alumbrado por aceite: un depósito para el combustible, un pico para la mecha y una pequeña asa. Su interés está precisamente en esa unión de utilidad y diseño. El asa alargada introduce un gesto ornamental sin dificultar la función de la pieza. [4]

En los siglos XII al XIV alcanzaron gran refinamiento las técnicas de incrustación de plata y otros materiales sobre latón o cobre. Las obras asociadas a centros como Mosul y a otros talleres de Irak, Siria o Irán muestran inscripciones, motivos vegetales, figuras y geometrías combinados sobre superficies metálicas. En piezas de atribución incierta es más prudente hablar de áreas de producción que afirmar un taller concreto.

Una de las características más interesantes de estos objetos es la relación entre la ornamentación y el soporte. El artista no trabajaba sobre una superficie independiente: debía adaptar el dibujo a un cuerpo curvo, al borde de una bandeja, a un pie o a un elemento de suspensión. En un candelero de latón de finales del siglo XIII o principios del XIV, hoy conservado en The Met, se combinan incrustaciones metálicas, inscripciones y escenas figurativas. [5]

Cuando estudiamos una pieza antigua, esas huellas importan tanto como su acabado. La calidad del cincelado, el desgaste alrededor de una unión o la pátina que permanece en el interior de un relieve pueden contar parte de su historia material.

Faroles calados: cuando la cerámica también dibuja la luz

El calado ofrece una solución especialmente atractiva en un farol: permite proteger una pequeña llama y, al mismo tiempo, proyectar al exterior la iluminación a través de perforaciones y dibujos. La decoración deja de ser solo un ornamento visible sobre la superficie y pasa a formar parte del efecto luminoso.

En Nishapur se han conservado faroles de cerámica de los siglos IX y X con aberturas cuidadosamente dispuestas. Uno de ellos, en The Met, posee una boca de acceso para introducir la lámpara y un asa para transportarlo. El museo señala que sus líneas perforadas habrían producido sombras decorativas al encender la luz interior. [6]

Este tipo de objeto ayuda a entender por qué la ornamentación de una lámpara no siempre puede separarse de su funcionamiento. Cambiar una pantalla, cegar un calado o sustituir una pieza por otra de perfil distinto podría alterar no solo su apariencia, sino también la manera en que fue concebida para iluminar.

Vidrio esmaltado y lámparas de mezquita

En el Egipto y la Siria de los siglos XIII y XIV, los talleres vidrieros produjeron lámparas suspendidas de extraordinaria calidad. El vidrio soplado podía adornarse con esmaltes de colores, dorados, inscripciones y motivos vegetales. En mezquitas, madrasas y otros edificios, estas piezas formaban conjuntos de iluminación de gran efecto visual. [7]

Su construcción respondía a un sistema muy concreto: el cuerpo de vidrio tenía asas o anillas para las cadenas, mientras que en su interior se disponía el recipiente de aceite y la mecha. Cuando la llama ardía, el vidrio decorado cobraba presencia desde dentro. Las inscripciones podían incluir nombres de patrocinadores o referencias religiosas, entre ellas la conocida azora de la Luz del Corán (24:35). [7]

Una lámpara mameluca de la primera mitad del siglo XIV, atribuida a Egipto o Siria y conservada en The Met, ofrece un buen ejemplo de esta tradición del esmalte sobre vidrio. La colección señala que fue quizá destinada a un mausoleo. Esa posibilidad se presenta como hipótesis de los especialistas, no como una procedencia segura. [8]

También existieron lámparas y recipientes cerámicos. Algunos adoptaron perfiles semejantes a los del vidrio o del metal, pero resolvieron su decoración con pigmentos y esmaltes sobre pasta cerámica. Una lámpara de mezquita siria del siglo XVII, en la misma colección, permite observar la continuidad de estas tipologías y la transformación de sus colores y motivos bajo la influencia otomana. [9]

Japón: la precisión del farol y el paso del tiempo

La tradición japonesa ofrece otro modo de acercarse a los objetos de iluminación. En templos, jardines y espacios domésticos se utilizaron faroles de materiales y formas diferentes, desde los de piedra y metal hasta los realizados con estructuras ligeras y papel. Su función y su significado dependían del contexto.

En el Museo Nacional de Tokio se conserva un farol colgante de bronce del período Muromachi, decorado con ciruelos y bambú. Su catálogo lo identifica como Hanging Lantern with Plum Trees and Bamboo, obra de bronce fundido fechada en 1550, hallada en el emplazamiento del templo Chiba y catalogada con el número E-14570. Es un testimonio concreto de cómo las técnicas de fundición se pusieron al servicio de un objeto concebido para la luz ritual. [10]

Lo que hace particularmente interesante este farol no es una supuesta condición de «primero» o «más antiguo», sino su técnica y su sobriedad. La estructura metálica, la forma de suspenderlo y los motivos vegetales permiten apreciar una relación cuidada entre forma, función y símbolo.

Pieza de referencia: farol colgante de bronce (1550), Museo Nacional de Tokio. Consultar ficha del museo ↗

Al-Ándalus: una gran lámpara nazarí de la Alhambra

Este recorrido termina cerca de casa. Al-Ándalus no pertenece geográficamente a Oriente, pero formó parte de redes culturales y artesanales mediterráneas en las que circularon técnicas, objetos e ideas. Por eso tiene sentido incorporarlo a este capítulo como un puente hacia nuestra propia historia material.

Una de las piezas más importantes de la metalistería nazarí es la lámpara de bronce de la antigua mezquita de la Alhambra, conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, con el número de inventario 50519. La inscripción de la pieza permite fecharla en 705 de la hégira, equivalente a 1305, y relacionarla con el sultán Muhammad III. [11]

Se trata de una obra colgante de gran formato, organizada alrededor de un vástago central y formada por varios cuerpos de perfiles distintos. Combina fundición, ornamentación calada, inscripciones y motivos vegetales. Las investigaciones señalan que el cuerpo inferior tuvo brazos destinados a sostener pequeños recipientes de vidrio para el aceite. Por eso, más que imaginarla como una lámpara eléctrica moderna, debemos comprenderla como una estructura histórica de portacandiles. [11]

El objeto ha llegado hasta nosotros con pérdidas y transformaciones. La lectura de sus huecos de unión y de sus elementos conservados es esencial para entender cómo funcionaba originalmente. Es precisamente el tipo de observación que exige cualquier trabajo serio sobre una lámpara histórica: antes de intervenir, hay que interpretar el conjunto y distinguir lo original, lo añadido y lo desaparecido.

La historia del alumbrado andalusí no se limita a esta pieza monumental. Los hallazgos arqueológicos de antiguos asentamientos y centros religiosos, así como la producción cerámica de distintos talleres peninsulares, recuerdan que convivieron soluciones muy diversas para contener aceite, sostener una llama o protegerla del aire. En muchas ocasiones, sin embargo, han llegado hasta nosotros fragmentos o piezas incompletas; interpretar su función exige cautela y documentación específica.

Lámpara de la antigua mezquita de la Alhambra (1305), Museo Arqueológico Nacional, inv. 50519. Consultar ficha histórica ↗

Lo que estas lámparas enseñan a un taller de restauración

El recorrido va mucho más allá de una sucesión de formas bonitas. En la menorá encontramos un diseño que trasciende su función; en las lámparas de Janucá y Shabat, el vínculo entre la luz y la vida de una comunidad; en los bronces de Oriente Próximo, el dominio del metal; en los faroles calados, la importancia de la sombra; en el vidrio mameluco, la unión entre transparencia y color; y en la Alhambra, una estructura compleja que hoy solo puede comprenderse con respeto por sus restos originales.

Esa diversidad recuerda algo esencial para nuestro oficio: no todas las lámparas deben tratarse igual. Su antigüedad, materiales, técnicas, uniones y estado de conservación condicionan cualquier intervención. En una pieza histórica, limpiar demasiado puede borrar una pátina valiosa; sustituir un elemento sin estudiarlo puede alterar sus proporciones; electrificar sin criterio puede modificar su lectura original.

Desde 1976, en Lámparas Escala trabajamos con la idea de que restaurar no significa hacer que todo parezca nuevo. Significa conocer la pieza, conservar aquello que merece permanecer y elegir la intervención adecuada según su estado y su uso previsto.

Un capítulo más en la historia de la iluminación

Este es el segundo capítulo de nuestra serie histórica. Comenzamos por las lámparas de Etruria, Grecia y Roma y continuamos ahora con distintas tradiciones vinculadas a Oriente y el Mediterráneo. Más adelante nos acercaremos a la iluminación de la Edad Media y a las grandes transformaciones formales de los siglos siguientes.

La historia de las lámparas antiguas es también la historia de quienes las imaginaron, fabricaron, utilizaron y conservaron. Y quizá sea esa continuidad del oficio lo que hace que todavía merezca la pena detenerse ante cada detalle.


Lámparas Escala · Restauración y diseño de lámparas clásicas y antiguas · Sevilla.

Fuentes y documentación histórica

Artículo documentado con publicaciones y colecciones de museos. Las fotografías reproducidas son obras de dominio público de The Metropolitan Museum of Art (Open Access/CC0) y muestran piezas históricas, no trabajos realizados por Lámparas Escala.

Consultar las 11 referencias
  1. The Met — Jewish Art in Late Antiquity and Early Byzantium · King’s College London — Arco de Tito (70, 71 y 81–82 d. C.)
  2. The Met — The Hanukkah Menorah
  3. The Met — Baraffael Family Hanukkah Lamp, n.º 2018.89
  4. The Met — Oil Lamp, Nishapur, n.º 38.40.133
  5. The Met — Candlestick, n.º 91.1.523
  6. The Met — Lantern for a Lamp, n.º 39.40.87
  7. The Met — Enameled and Gilded Glass from Islamic Lands
  8. The Met — Mosque Lamp, n.º 91.1.1535
  9. The Met — Mosque Lamp, n.º 30.95.162
  10. Museo Nacional de Tokio — Hanging Lantern with Plum Trees and Bamboo, E-14570
  11. Museum With No Frontiers / MAN — Lámpara de la Alhambra, n.º 50519
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